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Rafael Rubio: “No se llega a ser poeta si no se compromete la vida”

“Ser hijo y nieto de dos grandes poetas como Alberto y Armando Rubio, me ha significado un privilegio y una responsabilidad: vivir de acuerdo a la convicción de que la poesía es un hacer que compromete la vida entera de un hombre.  Provenir de una familia tan ligada a la poesía me ha abierto muchas puertas y estoy profundamente agradecido de ello. Pero también me ha impuesto una exigencia mayor, a la que ha sido muy difícil dar cabal cumplimiento: ser poeta en cada acto de la vida, como lo fue mi padre”, precisa Rafael Rubio durante la larga conversación que sostuvo con Diario Talca con motivo de la publicación de Viernes Santo (Editorial Universidad de Valparaíso, 2019).

Rafael, ¿cómo fueron sus años de formación?

Mis años de formación estuvieron marcados por mi relación con mi abuelo Alberto, poeta, autor de la mítica Greda Vasija.  De él aprendí que la poesía es un trabajo cotidiano, incesante, una forma de vivir y respirar, y que no se llega a ser poeta si no se compromete la vida entera en ese acto.  Fueron años bastante felices, en que leía y escribía con voracidad.  Leí a Gabriela Mistral, a Antonio Machado, a Federico García Lorca, lecturas que me llenaban de gozo. Un día, descubrí la poesía de mi abuelo y me produjo tal deslumbramiento que reconocí en él mi propia manera de ver el mundo. Lo imité, como una forma de aprender de él, de asimilar su lenguaje que me parecía sorprendentemente nuevo, luminoso, y que ejerció una notable influencia en mí.  De hecho, mi afición temprana por la métrica es parte importante de ese influjo”.

A los 17 años tuvo un viaje muy significativo al sur. ¿Qué lo hace tan importante?

Ese viaje me permitió encontrarme de un modo ya definitivo con la poesía, con mi propia vocación humana.  En el sur viví unas de las experiencias más cruciales de mi vida como poeta: me interné por un campo de trigo una tarde de sol y viento y entonces supe que dedicaría mi vida a la poesía. De esa vivencia surgió uno de los poemas que más aprecio: Los trigales. Tenia 17 años y desde entonces mi vida tomó un rumbo insospechado, vertiginoso. No volví a ser el mismo desde entonces”.

Ha señalado la importancia de Enrique Lihn en su poesía. ¿Cuáles fueron estos alcances? 

Lihn es un gran poeta, que en mis primeros años de formación fue muy importante en mi escritura y  en mi modo de concebir la poesía.  Recuerdo su poema ‘La vejez de Narciso’ que yo memoricé y que me impresionó vivamente. Ejemplo de factura y profundidad. Su metapoesía tuvo un marcado influjo en la escritura de uno de mis poemas titulado ‘El arte de la elegía’ en el que reflexiono acerca de la relación entre la experiencia real y la escritura, en la forma aparente de unas instrucciones para escribir una elegía al padre muerto”.

Qué potente esa frase: «La poesía es palabra cargada al máximo de sentido”. ¿A qué invita?

Esa frase es una cita del poeta norteamericano Ezra Pound, donde invita a pensar en la especificidad de la poesía.  Yo la he citado muchas veces, porque sentía que señalaba una cualidad que se puede constatar en la gran poesía de todos los tiempos. Cuando la palabra es tocada por el rayo del sentido, se produce la descarga poética y la luz.  Actualmente me he atrevido a modificarla así: ‘Poesía es vida cargada al máximo de sentido’”. 

EDITOR DE SU PADRE

Rafael Rubio Barrientos (Santiago, 1975) proviene de una familia ligada a la tradición literaria. Su abuelo Alberto y su padre Armando fueron poetas. Rafael en 2008 obtuvo el grado de doctor en literatura con la tesis Plagio, parodia y pastiche en la poesía chilena. Ese mismo año fue distinguido con el Premio Pablo Neruda. La poesía de Rubio, considerada como parte de la generación de los 90’, se caracteriza por rescatar el uso de formatos rítmicos y métricos tradicionales, así como el trato sublime a la muerte. Entre su obra destacamos: Luz rabiosa (2007), Mala Siembra (2013) y Viernes Santo (2019). Rubio no ha dejado de sorprender con una palabra llevada al máximo de su intensidad vital y rítmica, en una exploración en los grandes temas de siempre: muerte, duelo, desamor, soledad…

Tras la muerte de su abuela encontró una serie de poemas inéditos de su padre, Armando Rubio. ¿Cómo fue ese descubrimiento?

Fue un encuentro desgarrador. Recuerdo que miré largamente las cajas que contenían ese material, y las abracé, como si estuviera abrazando a mi propio padre, fallecido hace años atrás.  Fue un acto en gran medida reconciliatorio, en el que volví a encontrarme con el hombre que me había legado mi oficio y del que me había distanciado por esos imperdonables olvidos de la vida. En esas cajas había un número considerable de poemas inéditos en los que prontamente comencé a trabajar.  Recuerdo uno, en particular, ‘Despedida’, que se hallaba inconcluso y que yo completé. Fue un acto de comunión, en el que padre e hijo volvían a encontrarse reunidos ahora por la escritura, más allá de la muerte y la vida”.

¿Qué le significó editar esos poemas?

Editarlos fue para mí entrar en una larga y fecunda conversación con mi padre, trabajar codo a codo con él, demostrarme que la muerte no existe, y que no era ningún impedimento para ese encuentro entrañable con mi padre, en el que convergían dos maneras distintas de entender la poesía, dos voces disimiles, pero hermanadas vivamente por la sangre. Trabajé mucho en los poemas de mi padre, ordenándolos, cotejando sus versiones. Sentí que la distancia física entre ambos se anulaba por gracia de la poesía, esa refutadora de la muerte”.

La trágica muerte de su padre, cuando usted era todavía un niño. ¿Cómo le marcó la vida?

La muerte de mi padre dejó un vacío en mí, que aún no logro comprender del todo.  Para un niño de 5 años debe haber sido una pérdida difícil de asimilar. Sospecho que en gran medida esa muerte determinó este sentimiento de minusvalía que no he logrado superar nunca, y que creo está en la base de mi inclinación por la métrica, como una estrategia que me permite sentirme a resguardo de la inestabilidad de la vida, de las amenazas del mundo. Tal vez mi voluntad y mi empeño en hacerme poeta sea un intento por darle vida a mi padre en mí.  Quién sabe. En todo caso, se trató de una ausencia muy triste, que mi madre intentaba compensar amorosamente incentivándome a escribir, a pintar, a leer, y acompañándome en los momentos mas significativos de mi infancia”. 

Poesía chilena actual

Rafael, se ha rebelado a considerar la poesía un género. ¿Qué es, entonces, la poesía para usted?

La poesía es una forma de vida que consiste en llevar la palabra hasta sus máximas consecuencias. La poesía es la vida que habla”.

¿Se acerca a vivir la vida de una manera poética?

Sí, pero estoy consciente de que se trata de una propuesta muy impopular en la actualidad, en un contexto donde la poesía se ve mas bien como una carrera literaria y no como una profesión de vida.  Yo defiendo la noción de vivir poéticamente, porque para mí la poesía entraña para quien asume con radicalidad, una responsabilidad ética, que consiste en ser consecuente con la propia obra. Que la forma en que el poeta se relacione con la poesía se vea reflejada en la vida misma, en su trato con los demás, por ejemplo. Es que para mi un poeta es el que vive su poesía y estructura su vida como un poema, capaz de emocionar a los demás, como una sonata para piano o una sinfonía”.

¿Cree que Jorge Teillier alcanzó esa condición?

Me atrevería a decir que sí. Teillier parecía haber alcanzado un estado poético, que iba mucho más allá de la pericia técnica,  o del oficio, o de la literatura.  Todos sus gestos, sus palabras, sus ademanes, estaban cargados de sentido y de emoción. Teillier parecía ser plenamente consecuente con su poesía.  Daba la impresión de que  trabajaba directamente sobre su vida, como una obra, como un poema.  Y que ese poema es en el fondo lo que verdaderamente admiramos de él. El recuerdo que tengo de él es la impresión de estar en presencia de un Poeta, de un poeta verdadero. Tenía algo de secreta inocencia, de espontaneidad y pureza, que le conferían la apariencia de un niño. Me pareció un hombre en estado de máxima vulnerabilidad, excesivamente frágil, a punto de quebrarse como una tenue copa”.

Sentido de la poesía

Ha señalado «que el lenguaje es una creación humana cuyo sentido último es la superación de la muerte…

Me da la impresión de que el lenguaje permite que aquellos que han dejado la vida sigan hablando a través de nuestras palabras,  porque nuestras palabras están hechas de las palabras de los otros, de aquellos que hablaron antes que nosotros y ya no están.  O sea que el lenguaje es el espacio de convivencia entre vivos y muertos. Es en ese sentido, que hablo del lenguaje como el intento de superar la muerte como la pérdida de la voz.  La tradición es la forma en que ese diálogo se lleva a cabo, incesantemente, con obstinación”.

¿Nos ayuda a soportar el peso de la vida?

Más que ayudarnos a soportar el peso de la vida, (a veces ocurre lo contrario), la poesía puede dotar a la existencia de una mayor carga de sentido, es decir, nos obliga a sentir con más intensidad la vida,  y eso es lo que yo llamo en definitiva, una ‘vida poética’. No creo que la poesía nos ayude a sobrellevar el dolor, cuando en la práctica la poesía está hecha de dolor. De lo que se trata es de asumir todas las consecuencias del dolor y de darle una forma que lo vuelva capaz de conmover. No se trata de conferirle una utilidad, sino mas bien una belleza que lo trascienda”.

El año 2008 ganó el Premio Pablo Neruda. ¿Qué significan los premios para usted? 

Los premios son importantes en el momento en que uno se siente inseguro de lo que está haciendo. Constituyen un estímulo necesario, una confirmación que permite un mínimo de seguridad en un oficio que es la inestabilidad misma.  No tienen mas importancia que esa. Llega un momento en la vida de un poeta en que los premios pierden toda importancia.  En el momento en que el poeta ya puede confiar en su propio juicio, los premios se revelan en toda su vana intrascendencia. El peligro que acecha en todo premio es la autocomplacencia, enemiga mortal de todo trabajo poético. Conjurarlo será tarea constante del poeta, no ceder al exceso de confianza en si mismo. Y para ello, no existe otro antídoto que el espíritu crítico y la humildad, que no debe confundirse con la simple modestia”.

Cuando dice: «un poema se salva por la capacidad de conmover a alguien». ¿Significa un abandono a la métrica?

No necesariamente.  Que un poema se salve por la sola capacidad de conmover a alguien significa que la perfección técnica por sí misma no basta para hacer de un complejo verbal un poema. Es necesario que el poema llegue a alguien, lo remezca, y esa condición está más allá de su perfectibilidad literaria. Tiene que ver con su capacidad de tocar la vida de un hombre, de removerla hondamente, hasta el punto que ese hombre, después de ese trance, difícilmente se reconocería a si mismo.  Es cuando el poema encuentra la forma precisa para una determinada experiencia o emoción, los sonidos exactos que logran hacer surgir, como por encantamiento, la emoción escondida”.

¿Se siente representativo de la generación de los ’90 y con qué poetas es más cercano? 

No.  Me considero más bien como un poeta menor de la generación del cincuenta, a la que me hubiese gustado pertenecer. El poeta con el que me siento más cercano es Juan Cristóbal Romero”. 

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