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Andrés Estefane: “Durante las últimas décadas ha imperado una concepción individualista de la libertad”

La publicación de “Cuando íbamos a ser libres” (FCE/UAI, 2021) es relevante en medio del proceso constituyente que vive Chile. Reúne y contextualiza una serie de documentos escritos en Chile entre 1811 y 1933 que dan cuenta de los proteicos usos de la libertad como concepto político – filosófico y demuestra que la defensa de las libertades no ha sido patrimonio exclusivo y que esta corriente tiene una historia más disputada de lo que se sostiene. 

Asomándose al presente, “Cuando íbamos a ser libres” pone en la mesa preguntas ineludibles para sociedades que vuelven a pensar en sus libertades mientras la intervención gubernamental se expande al amparo de las crisis en curso. Diario Talca conversó con Andrés Estefane, editor de la publicación.

Andrés, la libertad en la historia de Chile ha sido algo exclusivo de quienes puedan sostenerla materialmente. ¿Esa situación explica las grandes diferencias de la sociedad?

La libertad no es un hecho natural, sino un producto social que depende del tipo de relación que impere entre las personas. Si hay disparidades materiales, no es sorprendente que haya diferencias en los grados de ejercicio de esa libertad, al punto que algunos pueden llegar a tomar la libertad de otros en su propio beneficio. La desigualdad se expresa no solo en la cantidad y variedad de lo que dispongo, sino también en lo que esa base material permite hacer e imaginar.

Uno de los aspectos interesantes de esta compilación es que la relación entre libertad e igualdad es afirmada explícitamente desde los inicios de la República. No había ingenuidad al respecto, ni siquiera cuando se discutió el fin legal de la esclavitud en 1823. A la declaración de la libertad incondicional de los esclavos seguía otro asunto: evaluar las condiciones materiales mínimas que una comunidad de iguales debía garantizar para que todos sus integrantes pudiesen sostener una vida libre. Esa cuestión sigue siendo central”.

¿Por qué ha sido tan difícil comprender que la libertad es imposible sin pensar en la libertad de los otros?

Porque durante las últimas décadas ha imperado una concepción individualista de la libertad, semejante a lo que los intelectuales liberales de inicios de siglo XX, como Tomás Ramírez, llamaban ‘individualismo intransigente’. La de hoy es una visión que atomiza a los individuos, que descree de la interdependencia y alimenta un reduccionismo afín a posturas antisociales y antiestatales. Esto, desde luego, no es efecto del clima, sino de décadas de neoliberalismo, de una pedagogía centrada en la competencia a todo evento y en la explotación ilimitada de todo lo que nos rodea, partiendo por nuestras vidas. El actual ordenamiento es un gran obstáculo para reconocer que mi libertad está atada a la libertad de todos”.

“Las libertades siempre están en riesgo”

Andrés Estefane es doctor en historia por la Universidad estatal de Nueva York en Stony Brooks. Sus investigaciones se enfocan en la historia política de Chile en los siglos XIX y XX. Fue coeditor del proyecto colectivo “Historia Política de Chile, 1810 – 2010” (FCE 2017-2018) y junto a Luis Thielemann y Carolina Olmedo publicó “1988 – 1968. De la transición al largo ´68 en Chile” (2019). 

¿Cómo ampliar el significado de una idea de libertad que ha estado sometida por la idea de un individualismo a ultranza?

Habría que partir ensanchando el significado de este concepto, y eso pasa por desbordar el estrecho sentido que se ha naturalizado con el actual ordenamiento. A eso apunta este trabajo, a nutrir esa operación desde la historia, mostrando que en otros momentos esa palabra ha tenido un significado más complejo. Durante el siglo XIX, por ejemplo, la idea de libertad fue central en la configuración de un imaginario crítico del despotismo y de toda forma de autoridad carente de legitimidad social. A esa batería se anudaba un maridaje férreo entre igualdad y libertad, y una conciencia clara de que la libertad era producto de la vida social, no una condición natural, y que para sostenerla se requería de mínimos materiales compartidos”.

¿Comparte que durante la dictadura militar todas las libertades fueron sofocadas, menos la libertad de iniciativa económica?

“Sí, pero con algunas precisiones, pues durante esos años hubo sectores de la sociedad que gozaron de amplias libertades, no solo en el ámbito económico, y esos sectores fueron los que protegió el régimen. Una visión abstracta del asunto opone automáticamente autoritarismo a libertad, y lleva precisamente a suponer que se sofocaron todas las libertades, menos la económica, en referencia a la orientación de las reformas neoliberales. Una visión histórica precisaría el punto: si la Dictadura fue selectiva en su política de represión, también lo fue respecto a este tema. Más allá de las restricciones de desplazamiento o las censuras, en Chile hubo sectores que no vieron sus libertades fracturadas y eso tuvo que ver con cuestiones de clase y afinidad ideológica”.

¿Y cómo fue posible que liberales en nombre de la libertad de la iniciativa económica hayan apoyado la asfixia de todas las demás libertades del pensamiento liberal?

“Esta pregunta admite diversas entradas. Algo deriva de la respuesta anterior. Quienes estuvieron cerca del régimen no padecieron esas restricciones y eso explica su impasibilidad ante los padecimientos de las mayorías, que no podían moverse ni expresarse políticamente, como tampoco acceder a los mínimos esenciales para una vida digna. Cuando el estómago suena, la palabra libertad adquiere otro tono.

Asimismo, la experiencia de la Dictadura dejó en evidencia el carácter ornamental de las convicciones liberales de muchos quienes sostenían orgullosamente esas credenciales. Con sorna, José Joaquín Vallejo ya anunciaba esto en 1846: los liberales solo existen para las elecciones. Cinco décadas más tarde, los obreros del salitre afirmaban que en Chile no había liberales, pues en rigor todos eran conservadores”.

Andrés, ¿Cómo afianzar que la libertad sea un patrimonio de todos?

“Es una tarea titánica que requiere de un ordenamiento político distinto, pero también de formas de convivencia en sintonía con un horizonte igualitario. Varios de los documentos que se reúnen en esta antología muestran que la libertad, cuando se la entiende con toda su carga, también debe ser ejercida y cautelada en nuestros espacios cotidianos, en el ámbito doméstico, en la relación entre los géneros, en el mundo laboral, pues de esa robustez emanan las condiciones para que el sistema político se ordene en función de este patrimonio valioso, que es también frágil. Proponernos ese horizonte pasa por recordar que la idea de libertad inspiró todo un ciclo revolucionario volcado a la emancipación frente a la opresión, la tiranía y las desigualdades que tornan la vida intolerable”.

¿Cómo debe ser considerada la idea de libertad en el proceso constituyente que estamos viviendo?

“A partir de una comprensión distinta a la que hoy impera. Por un lado, nos merecemos garantizar condiciones jurídicas y materiales para que cada uno pueda construir su vida con autonomía, sin estar sometidos al criterio de unos pocos o determinados por el azar de la cuna. Pero por otro lado debemos recordar que la libertad es social y que somos interdependientes, algo que se ha vuelto nítido en el curso de la actual pandemia. También deberíamos asumir que las libertades no son conquistas garantizadas, pues están siempre en riesgo y nuestro ordenamiento debe ofrecer instancias para su defensa. La historia, y no solo la reciente, nos dice al oído que aquí es muy fácil sacrificar la libertad en aras de otros principios, como la defensa del orden o el derecho de propiedad”. 

La contradicción de Jefferson

¿Comparte que sin igualdad no hay libertad?

“Hay una robusta tradición liberal que afirma esa relación, aun cuando haya sectores que sostengan que la igualdad es imposible. Me permito citar aquí un precioso documento escrito por Santiago Ramos, ‘El Quebradino’, un pensador que a los liberales les cuesta reconocer como parte de los suyos, porque representa una tradición popular e igualitarista dentro del liberalismo. ¿Qué decía Ramos? Allí donde la igualdad no existe, la libertad es mentira. Lo dijo en 1846 y su afirmación está lejos de ser una anomalía o una excepción. Basta pensar en Luis Emilio Recabarren, quien no era liberal, pero tenía claro que las libertades no estaban reñidas con el socialismo. Lo mismo afirmaron las primeras feministas que lucharon por el reconocimiento de la igualdad civil y política de la mujer, igualdad que los prohombres liberales regateaban en el debate público y en el Congreso”.

Nuestros liberales criollos apoyaron una dictadura durante 17 años. ¿Qué clase de liberales eran?

“Convendría recordar que los militares justificaron su intervención precisamente en aras de un ideal de libertad, que tenía origen en las paranoias totalitarias que campeaban entre los sectores dominantes y la oposición al gobierno de la Unidad Popular.

En Chile hay una larga tradición de pensamiento anticomunista, estudiada por historiadores como Marcelo Casals, y aquí hubo mucho de eso, de entender el golpe y la Dictadura como una liberación de la amenaza marxista. Probablemente muchos prefirieron abrazar esa ecuación y se desentendieron de lo restante. Por lo demás, es muy fácil sostener convicciones liberales cuando la hegemonía mantiene a raya el conflicto político, pero cuando el conflicto estalla, como lo estamos viendo en Chile desde octubre de 2019, es cuando realmente se prueba si esas convicciones son cosméticas.

Basta mirar cómo se han comportado los militantes de Evópoli que han servido al actual gobierno. Blumel y Briones, por dar dos ejemplos, hicieron todo lo opuesto a lo que uno esperaría de un defensor de las libertades”. 

¿Cómo se explica que mientras Jefferson firmada la declaración de independencia de los Estados Unidos justificaba la esclavitud?

“Uno podría acusar esa inconsistencia y la de tantos otros en la historia de esta corriente. El libro ‘Contrahistoria del liberalismo’ de Doménico Losurdo es ilustrativo y plantea interesantes preguntas al respecto. Pero lo que también corresponde es evaluar cómo estamos actuando nosotros, en tanto beneficiarios de un largo ciclo revolucionario que asentó las libertades que hoy defendemos. Me caben serias dudas de que estemos siendo más consistentes”.

 

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