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Fundación Madre Josefa: Una madre para los migrantes

Anyhi Belandria, días después de la entrevista, se comunica para pedir que incluya una frase. Una que, asegura, identifica a la perfección la situación que están viviendo los venezolanos que intentan ingresar a Chile. “Migrar es un derecho y para los venezolanos es una necesidad”.

El tema ha estado en los titulares, aunque, como suele ocurrir con las noticias, a medida que pasan los días, la presencia en los medios fue bajando. El Gobierno envió militares a la frontera y el flujo de migrantes, según cifras oficiales, disminuyó en más de un 90 por ciento. Antes, un avión trasladó a 138 extranjeros -venezolanos y colombianos- como parte del proceso de expulsión decretado por las autoridades tras la crisis migratoria en el norte del país.

Anyhi ve la crisis desde Talca y le queda dando vueltas. Ella es venezolana y trabaja en la Fundación Madre Josefa, una ONG que funciona bajo el alero de la Congregación Buen Pastor, y que se dedica a apoyar a migrantes. 

El trabajo no se detiene ni siquiera en cuarentena. Siguen recibiendo llamados de migrantes que necesitan asesoría, muchos de ellos llegados desde el norte y que seguramente pasaron por Colchane, la pequeña comuna de la Región de Tarapaca que salió del anonimato a regañadientes, obligada por las circunstancias. 

El cargo de Anyhi en la Fundación Madre Josefa es el de asistente administrativa. Y si bien esta organización apoya a migrantes de distintas nacionalidades, es indudable que en el último tiempo, dada su condición de venezolana, ha debido lidiar con sentimientos personales.

Llegó a Talca el 2019 junto a su esposo y dos hijas. Habia esperado un año en Venezuela para conseguir la visa democrática que otorgaba el gobierno de Chile.  

No está de acuerdo con los ingresos ilegales. Pero invita a mirar la situación con “ojos de solidaridad”. Porque, reitera, sus compatriotas, tal como lo hizo ella en su momento, migran por necesidad. 

No sabe cómo se resuelve el problema, pero -acota- “Chile tiene que buscar la manera de ordenar esto”. Tal vez, propone, diferenciar entre quienes vienen a reunirse con familiares. Además, argumenta, otros países, no solo Chile, deberían buscar soluciones en conjunto a la masiva migración venezolana. 

Venezolanos

La Fundación Madre Josefa funciona en Talca desde el 2014. Y desde esa fecha el fenómeno migratorio ha ido creciendo exponencialmente. En algún momento los ciudadanos haitianos fueron mayoría. En la actualidad son los venezolanos los que encabezan las estadísticas. El año pasado, por ejemplo, la fundación atendió a 536 personas de esta nacionalidad, siendo la más numerosa, seguida de la haitiana con 326.

Anyhi confirma que a Talca han llegado venezolanos de esta ultima “ola” migratoria. Calcula que solo en enero entre 50 y 60 venezolanos hicieron consultas. Llegan asustados por el próximo invierno. No están acostumbrados al frío y, lo primero que solicitan es ropa. La entidad maneja un ropero solidario gracias a donaciones, pero también asesora en temas de intermediación laboral y trámites migratorios. Han logrado establecer una buena relación con el Departamento de Extranjería; y manejan una red de empleadores junto a una base de datos para que los migrantes puedan postular a trabajos.

El sentido solidario es fundamental para el funcionamiento de la fundación. Algunos ciudadanos donan ropa, alimentos, artículos de aseo. Hace seis meses una persona, todos los fines de semana, les dona verduras. Todo lo que esté en buenas condiciones es bienvenido. Quienes se interesen en colaborar pueden hacerlo através de www.fundacionmadrejosefa.cl o contactarse al celular 9 8741 2153. 

Las imágenes de migrantes caminando por el desierto y durmiendo en carpas en plazas públicas, esconden la dramática situación de muchos venezolanos que, obligados por la situación en su país, decidieron viajar a otros países. Anyhi Belandria cuenta el caso de una pareja de colombianos que vivió más de 30 años en Venezuela, con dos hijos venezolanos, un menor de edad y otro de 33 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Esta familia ingresó a Chile de manera ilegal y llegó a Talca con la preocupación de conseguir atención médica para su hijo, encontrándose con la dificultad de tener que tramitar el RUT provisorio. 

Lo primero que aconseja Anyhi a los venezolanos que llegan a Talca y que ingresaron de manera ilegal, es que se autodenuncien y comiencen el proceso de regularización de su situación migratoria. Y no es fácil, admite. Hay extranjeros que han esperado dos o tres años por su visa definitiva. La pandemia no colabora, la espera se hace eterna y aparece la angustia. 

La fundación también posee una casa de acogida para mujeres migrantes en condición de vulnerabilidad. En un comienzo llegaron a albergar hasta 15 mujeres haitianas, muchas embarazadas. Luego, en un proceso constante de ingresos y egresos, se fueron sumando ecuatorianas, brasileñas y venezolanas. 

Anyhi es licenciada en administración. Tiene la suerte de trabajar en lo que estudió en Venezuela. No todos sus compatriotas la tienen, dando cuenta del complejo proceso de validación de sus títulos en Chile. “Estoy muy agradecida. Nos ha cambiado la vida. Acá encontramos paz. He conocido personas buenas y una entidad como la fundación que me ha ayudado mucho”.

Anyhi ahora quiere retribuir ese respaldo.

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