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Una jefa en medio del fuego

Al teléfono Valentina Contreras se escucha con voz de mando. Muy segura, sin titubeos, va contando su historia. Quizá si cuando le contó a su madre que iba a ser brigadista le costaron un poco más las palabras.

Para la señora Laura no fue fácil. Su regalona, el conchito, seguía los pasos de sus otros dos hijos, Jónathan y Crístofer, también brigadistas de la Conaf.

Tres hijos combatiendo incendios. Hay que tener temple para no preocuparse. Aunque una madre siempre se preocupa. Valentina la llama todos los días. Le cuenta lo que hizo en la jornada. La tranquiliza. Le dice que está bien, que no se preocupe. Pero sabe que la solicitud es inútil.

Valentina viene llegando de un incendio en el sector de Puente Pancho, cerca de Molina. El día anterior habían controlado un siniestro en el lugar, pero después de 24 horas las llamas volvieron. Se quemó una casa. No hubo lesionados ni víctimas fatales.

Es un trabajo peligroso. En temporada alta las cosas se pueden complicar. Como en el 2017, con destrucción y muertos en varias regiones de la zona centro-sur.

Cuando Valentina, adolescente, veía a sus hermanos regresar de combatir incendios no se le pasaba por la cabeza entrar a la Conaf. Le mostraban videos y no entendía cómo podían hacer ese trabajo tan peligroso. Le daba miedo.

A los 19 años se quedó sin trabajo y, más por necesidad que por vocación, se integró a las brigadas de Conaf. Era una buena oportunidad para ganar algo de plata y así pagarse los estudios.

El primer año fue asignada a la “Maqui” 14 en la comuna de Maule. El segundo y tercero trabajó en la “Maqui” 6, en el cerro La Virgen de Talca, lo que le facilitaba el traslado al Instituto Santo Tomás donde estudia podología clínica en horario vespertino. Y esta temporada se fue a la “Maqui” 17 en Romeral.

Desafío

Es más lejos, con turnos de 10 por 4, pero se dio la oportunidad de subir en el escalafón. Sus jefes valoraron su esfuerzo y dedicación y le ofrecieron ser jefa de una cuadrilla. Ella, a sus 22 años, aceptó el desafío. Es la primera mujer a nivel regional en ocupar ese puesto.

En la Conaf las “Maqui” son las unidades encargadas de combatir los incendios y que se distribuyen en distintas zonas de la región. Los “Sierra” son las jefaturas.

Valentina recibió el apoyo de su “Sierra” en la “Maqui” 17 en Romeral, Walter Reyes. Fue él quien notó su buen desempeño.

En la “Maqui” 17 hay 16 brigadistas. Por el contexto de pandemia han debido adoptar medidas preventivas. Una de ellas, por ejemplo, fue dividir al personal en subcuadrillas para evitar grupos de muchas personas.

No tiene problemas para dar órdenes. Que sus brigadistas estén ordenados, que hagan sus tareas, que los cortafuegos queden bien hechos, son algunas de sus responsabilidades.

Cuando algunos conocidos se enteraron del nombramiento le pedían que lo pensara bien. Por ser mujer, le decían, no te van a respetar. “¿Estás segura de lo que vas a hacer?”, insistían. Pero el apoyo de sus jefes, de sus hermanos y colegas la hicieron aceptar. “Ellos creyeron en mis capacidades”. Tiene a su cargo a hombres entre 20 y 40 años. Les da órdenes y obedecen. No ha tenido problemas. “Llevamos dos meses y súper bien. Me respetan, se preocupan por mí y yo por ellos. Somos todos unidos”. Incluso, le ha tocado enseñar y supervisar a dos brigadistas nuevos.

Se acostumbró a estar lejos de su madre en San Javier. También se olvidó que entró por una necesidad económica. Hoy está feliz con su trabajo. “Me gusta lo que hago. Es algo más que una pega, porque ayudamos a la gente. Es bonito, por ejemplo, salvar una casa, o que se salve la flora y fauna de un lugar”.

La temporada dura entre 6 y 8 meses. “Al final paso más tiempo acá que en la casa. Uno conoce muchas personas estando en una base, es como una familia”.

Seguridad

Y sobre la seguridad en una labor de riesgo, confiesa que superó el miedo que sentía cuando sus hermanos le mostraban los videos de su trabajo como brigadistas. “Tenemos mucha seguridad, nos enseñan, nos imparten cursos”. Además de confiar plenamente en  la capacidad y experiencia de su jefatura.

Entonces, al momento de entrar en acción, explica, se concentra en contener el incendio. “Uno llega con mucha motivación y adrenalina, no siente ni el calor”.

Su primer incendio fue un pastizal en la comuna de Maule. “No fue grande, nada impactante”. Pero le sirvió para ir ganando experiencia. Después, ya con un par de años de brigadista, le tocó viajar a Valparaíso el 2018 para apoyar las labores de control de un incendio forestal, habituales en esa región. “Sabíamos el trabajo que teníamos que hacer y demostramos nuestros conocimientos. Nos fue muy bien”.

Y el año pasado estuvo casi un mes trabajando todos los días en el incendio de Agua Fría en Molina. Estaba en la “Maqui” 6 en Talca. Fue uno de los incendios más complicados que le ha tocado vivir.

Su carrera

Valentina sabe que tiene las condiciones para ser jefa de cuadrilla. Es fuerte y “guerrera”. Su jefe le dijo en algun momento: “Andas súper bien…”, cuando la veía trabajar a la par que sus colegas hombres, incluso a veces superándolos.

Este año termina su carrera. Le falta la práctica y podría comenzar a concretar el sueño de instalar una clínica. Tiene planificado seguir solo unas temporadas más en la Connaf. Lo tiene decidido. Admite que va a ser difícil dejar de ser brigadista. “Pero tengo que ejercer mi profesión, lo que estudié”.

Seguramente, la señora Laura, su madre, va a ser la más contenta con esta decisión.

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