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Que la violencia de género no se convierta en un virus

Diciembre siempre ha sido el mes de balance del año y ciertamente  ha sido un año muy intenso, con una pandemia que ha impulsado el recrudecimiento de la violencia contra la mujer. La cuarentena ha expuesto a muchas mujeres y niñas a situaciones de extrema violencia, que quisiéramos jamás hubiesen vivido. Lamentablemente la violencia de género no se percibe de igual forma en la sociedad, ya que mientras para algunos ha sido un riesgo potencial, para otros simplemente es invisible.

En marzo de este año ONU Mujeres advirtió que una de las consecuencias indeseables del confinamiento era el aumento de la violencia contra las mujeres.

¡Qué injusto!  “El cariño, el respeto, el buen trato y sentirse amada no puede ser considerado un privilegio”. Y lamentablemente muchas mujeres no tienen estos componentes en sus relaciones, lo que les ha significado un gran dolor: pues han quedado encerradas con su agresor y por diferentes razones, no han tenido la posibilidad de escapar de ese círculo de violencia.

En nuestra región del Maule, esa posibilidad de escapar no la tuvieron:

-Ruth Gallardo Gutiérrez, 25 años, que en el mes de junio en Constitución fue asesinada a manos de su ex pareja, un hombre de 45 años que la apuñaló en su vivienda.

-Norma Vásquez, una joven carabinera oriunda de Linares y de tan solo 20 años, asesinada a manos de su ex pareja, también funcionario de la policía uniformada.

-Lhysbeth Ureta Méndez, 20 años, asesinada por su pareja, al interior de un condominio en el barrio norte de Talca.

Y tampoco la tuvo a principios del mes de diciembre, Ignacia Ignacia Kustmann Rojas (36), asesinada al interior de una habitación del centro de eventos Rancho Grande, en Colín, comuna de Maule.

Sumado a ello, las cifras regionales también dan cuenta de cuatro femicidios frustrados: 2 en Talca, en Curicó y San Javier. A nivel país, la realidad nos golpea aun de manera más dura con 42 femicidios consumados y 149 femicidios frustrados. Esto realmente es preocupante y doloroso.

Despedimos un año 2020 con cifras desalentadoras en violencia contra las mujeres. Por ello desde Sernameg, servicio que dirijo en la región, seguiremos colaborando y trabajando incansablemente con nuestros equipos, para lograr un cambio cultural que apunte al respeto, a la igualdad de condiciones entre hombres y mujeres y que utilice diferentes estrategias para acorralar y atacar la violencia.

Frente a los casos descritos, me toca una parte muy dura y muchas veces desconocida por la ciudadanía, que es reunirme con las madres, hermanas, hijos y familiares de aquellas mujeres que fueron víctimas de femicidio frustrado y que, por el nivel de agresiones, quedaron con riesgo vital o estado de gravedad. Del mismo modo, lo más difícil es cuando debo reunirme con las familias de aquellas mujeres que de manera cruel e indolente fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas.

Porque el dolor, la frustración y el pesar, están impregnados en la mirada y rostro de cada familiar que llora su partida. Como directora y, sobre todo como persona, son momentos donde intento contener y dar una palabra de aliento o de fuerza esa familia. Al salir de ahí no puedo evitar quebrarme. Ciertamente son momentos muy dolorosos.

Un mejor país, implica voluntades, unidad, consenso. Avanzar en materia de género y combatir la violencia lo logramos entre todas y todos.

 

 

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