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Cambiar de opinión

López se volvió loco. 

La primera vez me dijo que ni cagando. No voy a caer en el jueguito, los politiquillos se creen más inteligentes de lo que realmente son. Sí, son inteligentes, sin duda, pero solo les alcanza para llegar al congreso. Y con eso debería bastarles. Pero no. Insisten y quieren hacernos creer que lo hacen para ayudarnos, y van a matinales, ensayan frases pegajosas frente al espejo y luego las disparan como si pidieran un café que después no se toman. Mientras me decía todo esto, López no dejaba de mirarse las manos.

Para el segundo retiro estaba más calmado, pero igual se pegó un discurso épico. Dijo, entre muchas otras cosas, algunas menos reseñables que otras y siempre mirándose las manos, que Pamela ya no era la belleza graciosa, aguda y lista que destacó y que lo encandiló en Informe Especial. Que se empezó a volver loca cuando descubrió el poder de la farándula. Ese fue su gran descubrimiento. De ahí solo un paso a la política. 

Pensé que su teoría era interesante. Tenía sentido. La farándula como medio para un fin superior. El fin justifica los medios. Pero López decía que Maquiavelo no tenía idea de lo que hablaba, aunque en realidad Maquiavelo no tenía nada que ver en el asunto. Yo no le aclaraba la confusión esperando el momento oportuno. Quería reírme de buena gana con la cara que pondría cuando supiera de su error.

Para el segundo retiro saqué dos millones y los deposité en la cuenta 2. No había perdido la pega ni me habían bajado el sueldo. Pero me las di de economista y, lo admito, quería joder un poco a López. 

La verdad López, le dije esa vez, en el único momento en que advertí cierta lucidez en su mirada, es que mientras no me obliguen a hacer algo que no quiero…todo está bien. Me miró esperando que siguiera con el argumento. Es muy simple López -agregué- nadie obliga a nadie a retirar plata de su jubilación. Uno decide y uno asume las consecuencias, aunque en realidad nadie quiere saber de consecuencias. 

Y ahora López viene a decirme, entrecruzando los dedos de las manos, que esta vez va a sacar su plata. Puedo cambiar de opinión, me dijo cuando advirtió que comenzaba a reírme. 

-Tal vez Pamela me perdone, hasta le voy a prometer que tiene mi voto. 

-Sí, López, todos podemos cambiar de opinión…la Pamela, el presidente, mi candidato, tu candidato…todos…menos Maquiavelo…

 

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